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No solo por economía, sino para ser individuos responsables con el medio ambiente es importante aprender a desperdiciar lo menos posible nuestra comida. Los siguientes consejos te ayudarán a preservar la comida por más tiempo y con buena calidad en su sabor y nutrientes, ¡ponlos en práctica!:

Precocina y congela las verduras

Precocer las verduras antes de congelarlas reduce la actividad enzimática, lo que ayuda a preservar el sabor, el color y la textura, y hace más lenta la pérdida de nutrientes. Hay dos formas en las que puedes hacerlo: hervir o cocinar al vapor, dejar enfriar y después colocar en contenedores para congelarlas. Recuerda no hervir o poner al vapor durante mucho tiempo las verduras, pues pueden perder sus propiedades.

Evita el oscurecimiento de los aguacates

Para preservar los aguacates se recomienda triturarlos y agregarles una cucharada de jugo de limón antes de congelar para evitar que se oscurezcan.

Congelar la fruta

Forma porciones de frutas de acuerdo a las cantidades que pienses utilizar en el futuro, ya que si las aglomeras te será más difícil separarlas después. En el caso de frutas maduras, es mejor hacerlas puré para congelarlas.

Evita congelar estos alimentos

No todos los alimentos se congelan bien, algunos pueden volverse flácidos, duros, muy acuosos, gomosos o separados cuando se congelan. Este es el caso de la col, apio, pepinos, lechuga, claras de huevo y crema agria. Algunas especias y condimentos también pueden cambiar su sabor después de la congelación, como la cebolla y el pimiento, o pueden volverse más intensos y amargos, incluido el ajo.

Elije contenedores adecuados

Evita usar bolsas de plástico con cierre hermético o el contenedor de yogurt o crema que reciclaste, estos no cierran herméticamente y podrían provocar la humedad de tus alimentos, lo cual llevaría a que se echen a perder. Busca bolsas especiales para congelar y/o recipientes que cierren herméticamente.

Fecha tu comida

La congelación puede preservar tus alimentos, pero esto no es para siempre, así que ponerle fecha a estos te ayudará a saber hasta cuándo puedes consumirlos. Por ejemplo, las sopas y los guisados con carne pueden durar de dos a tres meses, el pescado crudo congelado puede durar hasta ocho meses, el que está guisado unos seis meses y el ahumado dos meses. Etiqueta bien qué tipo de comida es y pon la fecha para que lleves un buen control.